sábado, 13 de julio de 2013

CORAZÓN TAN HARTO



Al lanzarme al barco decidiste, sabiéndolo o no, convertirme en adulto. Un adulto enano en todo caso: desnutrido, ignorante y desmedrado.

Con una madre expatriada por la busca de una mejor suerte en el dinero, que si llegó o no llegó (el dinero) nunca lo supe. Él nunca me lo dijo. Se quejaba, eso sí, ¡ay cuanto sufrir!- decía mi padre...se quejaba sin cesar del hambre, del frío, del desempleo y tantas cosa que también viví y creo que no era para tanto.

      Los niños no sabemos más que del ahora. No hay futuro, no hay pasado. Vivimos deslizándonos en el eterno presente. Él me jalonaba a ese pasado y a ese futuro inexistentes llenos de puro dolor. Su presente era negro, el mío luminoso. Desnutrida mi vida, pero vida. Sin el arrebujo de la familia, pero       mía.

Pero me la arrebataste, Edmundo escritor, al echarme al barco, haciéndome vivir una vida que no me correspondía, y a la que estoy condenado desde que te sentaste frente a la máquina de escribir a escribir 'mi historia'.

Y ahí voy. Aquí va Marcos -así me bautizaste-. Deslizándome en un presente de olas. Para más tarde deslizarme a través de pueblos. De ciudad en aldea, de aldea a ciudad a pueblo; de calle en calle; de días sin fin, de noches sin cobijo (ahora sí), de hambre (ahora sí).

Me creaste maldito. Maldito te digo y maldito yo. Maldición de nunca poder crecer, de nunca poder llegar aunque llegue; de volver a salir una y mil veces, un millón de veces y las mismas llegar y parecer que no y vuelta a empezar. Nacer en mi lengua y también en idiomas para mi incomprensibles. Nuevos años (¿siglos?) caer en nuevas manos o en viejas manos que quieren abundar en mi historia.

Me cabrea que alguien me haga iniciar de nuevo la travesía: interminable, siniestra; viaje monótono y triste; sueño incompleto, parcial, temeroso.

Por tu culpa estoy emboscado por un destino de eje tras-roscado. Otra vuelta y nunca apretar: de nuevo las calles largas, rectas y agobiantes. Buscándola a ella a mi madre. Otra vez calles que me estrechan. Lineales, largas, infinitas... arrastrándome frente a casas blancas y bajas, todas iguales. Y las mismas botas rotas, los pies desollados, el hambre, el frío en los huesos, el maltrato de los desconocidos y, sobre todo y antes que todo la duda que dices que me empuja ¿estará viva, se acordará de mí?

Esta lucha me tiene podrido. Me has puesto a combatir como un hombre siendo un niño. Mi padre, es un desentendido encubierto de buen hombre. Mi madre siempre en agonía, siempre bañada en una virtud resignada. Esto me fastidia bastante. No me dejas descansar un segundo. Menos me permites fallecer en el camino.

Estoy cansado Edmundo, de tanto ir y volver a ir. Tanto embarcarme, salir, caminar, venir; tanto de llegar; y de nuevo volver a salir, condenado a enfermar, y de nuevo... volver a empezar; de...de este dar vuelta a la noria. Pisar Saladillo para, en un momento, volver al punto de partida y nada está resuelto.

Estoy harto de marcharme de los Apeninos y llegar a los Andes y, a la vez, no acabar de llegar, cada vez que alguien decide leer tu 'Corazón', tu diario de un niño.

domingo, 16 de junio de 2013

PERSEVERANTE MÚSICA




Quise pactar con un dios
-o con quien mande-,
verte sólo una vez
para ponerle rostro a un día,
incluso a un adiós.


Nunca te vi...
fuiste lejanía de abismo
en cuyo fondo se erizan
piedras de cantos agudos.


Fuiste amor y muerte simultáneos:

Amor porque saberte me dio fuerza
para alzarme del olvido.


Muerte porque tus cartas 
eran peligro solamente.
Fuiste, ahora lo sé, una serie
de lentas despedidas.


Contigo me inventé un amor
como el 'Titanic', tarde supe
que igual que él, destinado a hundirse
con todo y su perseverante música.


maríaelenagómez 16 junio 2013


martes, 9 de abril de 2013

TURBIO VIERNES






Tiene razón el poeta que dijo que el amor breve es complicado. Que es un sentimiento lleno de urgencia, que se afana en levantar barreras contra el temido fracaso; amor que algo disimula y algo esconde intentando evitar el presagio del olvido. Los encuentros que nos da son tan efímeros, que es difícil descifrar las imágenes que quedarán en la memoria.

Por ejemplo. Este viernes me he quedado, hasta muy tarde, sin noticias de ti y, de amanecer con promesas de encuentro, se ha hecho de noche y se ha vuelto despreciable. Es increíble que afuera siga igual la vida, que el clima esté caliente y la gente que pasa se porte de manera cotidiana. En cambio, adentro de mi casa se respira una frágil paz: sin manos que acariciar y me acaricien; sin ojos que ver y que me vean... sin labios que besar. Y todo porque es un viernes sin nosotros. Así que aquí estoy explorando una memoria de lo nuestro que, de tan confusa, se ha quedado muda y no encuentra las señales.

Sin ti no tengo espacio para la audacia y su consiguiente desvarío. Eso hace de este día algo turbio que no llega a desastre y menos a triunfo. Es más, no llega a nada.

Como no puedo llamarte sólo deseo que acabe el día. Entretanto inventaré algo que me evite el abismo de la noche, algo que me lance a mañana y me devuelva la fe en tu amor, aunque sea breve.

sábado, 15 de diciembre de 2012

VOLVER AL DESVÁN





Hoy he amanecido con miedo.  
-¿De qué?- me preguntó la nana Melda. 
-De lo que no he hecho, de lo que no quiero hacer, Nana- le he dicho.
-Tú sabes…No, no lo sabes, o te haces la desentendida cuando te pido que lo hagas en mi lugar. Hay que subir al desván, a la torreta que mi madre llamaba desván y que de niña tanto me gustó y ahora me aterra. Ahí encontraré lo que quise perder cuando era niña, cuando la Nena dependía de mis cuidados y yo era tan incapaz de protegerla de eso que tanto la dañaba. 
-Me cuentas que nos mudaremos Melda ¿Por qué tengo que dejar esta casa? ¡dime! ¿Te parece que hay justicia?, si mi abuela dijo que esta casa era mía, -no cuando lo dijo, claro-, cuando ella muriera-.  Ya murió ¿qué no?
 Loca no estoy, eso es seguro, tal vez desorientada; indudable, pero loca no.  Loca la Nena. Cuando se dio  cuenta que lo perdía todo. Ya había perdido lo más, que al fin era lo menos, y luego perdió la poco que le quedaba, que era lo más y tardó en dar cuenta.
-...tengo miedo de volver al desván.

miércoles, 28 de noviembre de 2012

FUERA DE LA RED

Querido M...
      Por fin me atrevo a escribirte una carta que enviaré por correo postal . Como no la esperas sé que te inquietará y tal vez la abrirás a escondidas porque es evidencia de nuestro secreto. ¡Me gustaría ver tu cara en ese momento!

Hacerlo en papel, siendo tan vieja costumbre, me parece novedosa. Espero que esto no destruya esta relación intangible que se alimenta de imágenes y ausencia.
Si nos viéramos ¿Sería un desengaño?... ¡quién lo puede saber!  Pase lo que pase prefiero curarme de esta lejanía. Tal vez temas, como yo, que el vernos sea tan terrenal que lo abominemos como ajeno.
     Eres deseo que me obsesiona, que me hace quererte tanto y de tal modo que ya no soy la que he sido. Tengo ganas de tus manos en mi cuerpo, de ti obediente a lo que dicte el deseo. Cuando leo tus mail's pierdo la cordura, me siento envuelta en una vehemencia desconocida imaginando que hacemos lo que escribes y sabemos prohibido.
Te pido que seamos algo más que mensajes virtuales aunque, te confieso,  tampoco quisiera un hombre junto al que me vea cuidando los domingos... o los perros... o la tibia conformidad de no estar sola.
Deseo que seamos carne, no retórica; vivir sin limites nuestra pasión y juntos iluminar la noche. Basta de este afecto en las virtuales sombras, de este juego clandestino.  Una parte de mí desea que ella se entere de nosotros y de nuestro amor mal mantenido para que te pregunte quien soy y porqué dices amarme; que te cuestione de dónde sale este sentimiento si nunca nos hemos visto. ¿Cómo le explicarás que este amor intangible es más fuerte que todas las realidades a su lado?
Si no quieres ser más que letras, me despido. No más a nuestros encuentros en el ciberespacio… ni en ningún otro. Bórrame de tu lista de contactos porque aparte de lo virtual, nada tenemos. Pero si aceptas, tal vez una noche es suficiente para saber si lo nuestro es verdad o sólo un espejismo contundente fabricado con palabras.

Tuya…cuando estés fuera de la red.

                                            C

POR LA NADA COMIDOS




No todo es gris en una tumba:
hay color de flores y perfume.
Las lágrimas saladas son a veces dulces
y eso es bueno para los que se quedan.

¿Dónde podríamos llorarnos con más libertad
que en los entierros?

Frágil es la paz, se desvanece ante cada nueva muerte.
Transitamos entre ausencia y ausencia
viviendo hacia la muerte, muriendo hacia el recuerdo


Dicen que los vivos andamos como muertos
y que los muertos son vivos eternos.
Eso dicen. De los segundos no estoy segura.

Los primeros aquí estamos. Avergonzados
-y a veces dichosos- de estar frente a ellos
que se han convertido en nada.
Por la nada comidos, comidos por la muerte.

Los que vivimos


arrastramos este destino de existir



queriendo olvidar en lo posible


La vida nos impele a seguir vivos,
mientras rogamos a la muerte olvido,
nada más podemos hacer,
sólo eso.

viernes, 5 de octubre de 2012

UNA TONTA HISTORIA DE AMOR



UNA TONTA HISTORIA DE AMOR


Me has descubierto. La foto de la mujer con un chaleco de colores soy yo. Es de cuando filmé la película "Letras al viento". ¿La viste?¿la recuerdas?

Esa que trata de una mujer española que, abandonada, intenta rehacer su vida de forma correcta, por lo que va de antro a centro nocturno, a café, a antro... intentando encontrar el sentido de su existencia. A todas partes lleva su chaleco de colores que le tejió su madre. Ella no sabe -el narrador sí- que pronto vendrá un hombre verdadero, no los simulacros que ha conocido. En esa toma, la de la foto que tienes en la mano, es cuando el director dice: "Azul, mira hacia el frente con una expresión de: 'el futuro trae algo fantástico' " la locación es un café sin nombre, -sutil mensaje de que no hay nada irrelevante- y que ella es una ave fénix que resurgirá de las cenizas.

En las primeras escenas vemos a sus hermanos que, envidiando su hermoso chaleco, intentan deshacerse de ella vendiéndola a una caravana de nigromantes, luego, aprovechando un descuido del astuto, mágico y fiero guardián, Azul escapa a París escondida en un canasto de papas. Ahí pasaba las horas escribiendo. Narraba su peregrinar, su hambre de comida y de amor. Su vida toda, en pedacitos de papel que abandonaba y, arrastrados por el viento, iban a dar a las calles altas del Sacré Coeur.  Ahí un mesero amante de las buenas letras los fue coleccionando y en las horas que robó al sueño, armó el rompecabezas literario, descubriendo así la hermosa historia. Nada tonto el Marcel, (así se llamaba el mesero) vendió el texto a una elegante pero desconocida agencia, la publicaron y a la semana y media se convirtió en bestseller.

Los críticos no creyeron que un humilde mesero fuera el autor de tan digna obra, así que los miembros de la Academia Literaria de París lo torturaron con un suplicio espantoso, tan opresivo, que a los treinta y ocho minutos de iniciado soltó la lengua y reconoció su plagio. La reconocida institución contrató a un detective, el famoso agente Cluchó, para que detectara el paradero del autor -o autora- ardua tarea, ya que al no tener casa, ni nadita de nada, la pobre Azul vagaba por las calles más turísticas de París.

Cuando al fin la encontraron, la interrogaron y se comprobó -a su pesar- por el infalible método de las huellas dactilares, que era ella la autora de los hermosos papeles, se volvió más o menos famosa, porque la fama dura un suspiro, pero ese instante fue suficiente para que un escritor italiano, que veía las noticias por la red, la atrapara y se enamorara de ella. ¿Encontró Azul el amor? -quizá te preguntes- Sí. Una película romántica no puede pasar por alto un final feliz, con beso, abrazo y como fondo, una nube color de algodón de azúcar enmarcando a los amantes.
Tutti perfecto y al final la palabra 'FIN'.

Me has descubierto.


1 Octubre 2012

domingo, 23 de septiembre de 2012

OTOÑO


                                                                           poema de Rainer Maria Rilke 

Caen las hojas, caen desde lejos, 
como muriendo en parques de los cielos, 
caen con ademán de negación. 

Y cae en las noches la pesada tierra, 
desde los astros a la soledad.

Todos caemos. 
Esa mano cae. 
Y mira a los demás: igual en todos. 
Pero hay Alguien que acoge esta caída, 
con suavidad inmensa entre sus manos.

                                                 

jueves, 20 de septiembre de 2012

"LOS GOLFOS"




Mi barrio tenía una pandilla. Se llamaban 'Los Golfos'. Jóvenes-casi niños- que eran enemigos a muerte de la pandilla de los jóvenes del barrio del Coecillo. Yo era una niña, más que ellos, y ya escuchaba de picados, de encontronazos de sangre y muerte. No era raro ver difuntos tendidos en las salas de las casas, abiertas de parar en par sus puertas, para que todos los vecinos acudieran al duelo.

Ahí pasó mi infancia.

Nuestra casa estaba orientada hacia la estación del ferrocarril,  y entre esta y mi mundo había un parque que no merecía ese nombre, porque no había verde, flores o juegos. Era un lugar polvoriento, lleno de basura, guarida de uno de los dos marihuanos de mi ciudad, (el otro la tenía en el parque Hidalgo). También había terrenos baldíos, bodegas y dos calles empedradas.


Cada año llegaban los gitanos y hacía su campamento en la esquina de enfrente. Los adultos nos asustaban al contarnos cosas horribles de ellos: "...se roban a los niños, los venden y a veces se los comen". Nunca tuve el valor  de desobedecer a mis padres para ir a visitarlos, aunque moría de ganas porque  me leyeran la mano, porque podía más mi miedo al imaginar uno de mis dedos en un taco.


A pesar de la mala fama de la pandilla de mi barrio, yo no les tenía miedo, eran compañeros de juego de mis  hermanos y e
n contra de mi familia no había de parte de los Golfos de San Miguel resentimientos ni guerra.


Ahora adulta quisiera volver a estar en ese lugar en las orilla sur de mi ciudad, volver a vivir en el barrio, que de nuevo fuera guarida de marihuanos y gitanos y, que al escuchar el silbato del tren y el grito de ¡Gol! de los Golfos en la portería de mis hermanos, volver a dormir tranquila.



viernes, 7 de septiembre de 2012

POR FORTUNA



 
Todo sucedió después de que me dio el plato, la taza y la cucharita. Los deposité con suavidad en la alfombra declinando su orden de servirle un café. ¿Quién se creía que era para mandarme? Que se encuentre otra. No sería una sirvienta para él. ¿Cómo se atrevió a decirme cuando me entregaba el terno?: “mujer cuántas quisieran ser tú. Te sacaste la lotería conmigo”.

Pensé sólo un instante, no merecían más sus palabras. Fui al armario del vestíbulo, ahí guarda su equipo de pesca y las armas. Tomé una pistola pequeñita, la que me mostró el día que lo conocí. Regresé con ella a la sala y sólo le di tiempo para verme accionar el gatillo.

Al darme la vuelta, di un delicado puntapié a la taza, que rodó sin hacer casi ruido. 'No me gustan los juegos de azar'- le dije a su cuerpo ya sin vida- 'porque a veces se puede ganar'.

sábado, 1 de septiembre de 2012


     En un apólogo de Kafka, un emperador en su lecho de muerte llama a uno de sus servidores. Le entrega un mensaje que tiene que llevar al otro extremo de su reino. El mensajero corre en dirección a esa frontera remota, pero el palacio es tan extenso, sus corredores y patios tan intrincados, que muere antes de alcanzar sus puertas exteriores. No es difícil saber lo que oculta ese mensaje terrible: «Somos cadáveres de permiso». El mensajero sabe que la verdadera vida está en ese reino remoto, y que su misión es hacer todo lo posible por escapar. No corre para transmitir las palabras del emperador, sino para negarlas.

     No creo que sea otra la función del relato. Ayudarnos a escapar del palacio, y burlar a la muerte. ¿Es posible? No, no lo es. Pero por si acaso conviene correr, salir a toda velocidad de ese reino agobiante. No se trata de un sinsentido. La vida del hombre no es posible sin la excepción. Los cuentos están llenos de ellas, por eso los necesitamos. Aún más, puede afirmarse que sólo nos interesa de verdad lo que rompiendo la cadena de las causas, el orden habitual de los acontecimientos, nos abre a ese mundo de la infinita posibilidad. Tal vez por eso no hay comunidad sin cuentos. Que no necesite contarse cuentos, y que no sea capaz de generarlos. Es decir, que no sienta, al menos en algún momento especial de su historia, que su vida puede ser contada. No hace falta explicar lo que esto significa, pues todos hemos experimentado numerosas veces esa sensación tan extraña como maravillosa, la de que eso que nos pasa puede constituirse en materia de un relato. En cierta forma, los momentos más intensos y decisivos de nuestra vida son aquellos que generan automáticamente esa necesidad de contar. De hecho, no contamos cualquier cosa, sino sólo aquello que guarda la promesa de una salvación. Es decir, lo que está abierto al sentido. O dicho en otras palabras, lo que hace de nosotros dignos descendientes de la vieja estirpe del mensajero de Kafka. Lo improbable hecho real, ésa es la materia del relato.  

     Isak Dinesen, que fue una de las grandes narradoras de este siglo, lo explicó en una de sus historias. Había un hombre que vivía en una casa, junto a un estanque. Una noche al hombre le despierta un gran ruido y se interna en la oscuridad para encontrar su causa. Va en una dirección, en otra, y tras pasar por numerosas vicisitudes termina por perderse. Se cae en una zanja, se pierde en un terreno pedregoso, tiene que levantar un dique, porque el estanque se ha roto y se escapan los peces, y por fin, agotado, regresa a su casa. Pero cuando a la mañana siguiente  mira a través de su ventana, ¿qué es lo que ve? Que el rastro que ha ido dejando en ese peregrinar sin retorno ha trazado en la arena el perfil nítido y exacto de una cigüeña. 

     Eso es contar un cuento, hacer ver esa cigüeña imposible. O dicho con otras palabras, confiar en que la vida tantas veces absurda, dispersa, siempre bajo el imperio de un emperador moribundo, de pronto puede aclararse y, como las aguas de un río, dejarnos ver el fondo luminoso del cauce. Ese instante es el que tratamos de apresar cuando contamos algo.
Voy a poner un ejemplo. El peluquero del pueblo de mi padre se jubiló hace unos meses, y traspasó su negocio, un local minúsculo, situado junto a la plaza. Pero el nuevo propietario, dueño del bar colindante, al comenzar las obras de acondicionamiento se tropezó con algo imprevisto. El peluquero había ido acumulando, a lo largo de más de treinta años de vida profesional, kilos y kilos de pelo en los bajos de su local, y fueron precisas dos jornadas de trabajo para vaciarlo por completo. Todos recordaban aquella costumbre suya de barrer el pelo hacia una trampilla situada en una de las esquinas, pero nadie podía suponer que había ido guardando bajo sus pies el pelo de varias generaciones. El pueblo entero asistió perplejo al espectáculo de la extracción del pelo, que por su abundancia parecía no ir a terminar nunca, y llegó a llenar dos remolques. En medio de ese trabajo, y confundida en aquella materia oscura, encontraron una trenza. Una trenza que causó la admiración de todos, pues era de color rubio, y tanto su vigor como su longitud incomparable hacían pensar que acababa de ser cortada. Fue tal el impacto que experimentaron al verla que, incapaces de saber lo que tenían que hacer, suspendieron por unas horas su trabajo. ¿A quién había pertenecido? ¿Cómo era posible que aquella trenza casi sobrenatural les hubiera pasado inadvertida cuando lució luminosa en la espalda de una mujer real? ¿Acaso la mujer no era del pueblo? Y si era así, ¿qué podía haber llevado a una forastera a elegir una peluquería como aquélla para realizar un acto que debió causarle un vivo dolor? Aún más, ¿por qué siendo el peluquero el mayor charlatán del pueblo nadie recordaba haberle oído hablar de aquella visita? No encontraron ninguna respuesta y, finalmente, con el ánimo traspasado de vagos presentimientos, siguieron con su trabajo. La hermosa trenza fue a parar con el resto del pelo a uno de los remolques donde desapareció para siempre en el vertedero municipal.
     Dos vagones enteros de pelo, la confusión de los hombres al contemplar el oscuro magma y tener la evidencia de que en él no sólo había restos de sus cuerpos, sino de tantos familiares y amigos desaparecidos; una trenza destacándose en la suciedad como recién cortada, y el desasosiego de su vitalidad en medio de la contemplación inesperada de la muerte. Eso es dar a ver la cigüeña. Descubrir que todos al vivir vamos trazando un dibujo desconocido, y que nuestra tarea, como la del colono del cuento de Isak Dinesen, es hacer todo lo posible para que no quede incompleto. No que lo elaboremos nosotros, porque eso exigiría conocer el dibujo que queremos trazar, sino que a través nuestro pueda hacerse visible a los que  viven a nuestro lado. La última voluntad del hombre moribundo se resume en un único deseo universal: haber generado al menos una historia que merezca ser  recordada. El peluquero lo ha hecho. Como si a lo largo de toda su vida, de todos  los años pasados en aquel local agobiante, repitiendo eternamente, ante la sucesión  interminable de sus vecinos, los mismos gestos con su tijera, no hubiera hecho sino preparar ese único instante de gloria, el instante en que todo el pueblo descubriría asombrado su almacén de pelo. Lo guardé para vosotros, les dice. Yo soy esos dos vagones de pelo que ahora se alejan para siempre.
     Pero ¿y la trenza? La trenza es lo que está de más, lo que se añade inexplicablemente a ese dibujo, y a la vez le completa y, en cierta forma, le descabala, pues no conviene que la línea se cierre en exceso, porque la vida de un hombre no cabe en un solo dibujo, sino en muchos a la vez. Eso significa la trenza. Nos advierte del peligro de fiarnos demasiado de las apariencias, y de la posibilidad de que más allá de lo que siempre sentimos como propio, nuestro propio nombre, nuestra identidad personal o social, pueda haber la sombra de una vida distinta, que incluso nos aborda y reclama de una manera más decisiva que la que habitualmente mostramos ante los demás. Seguir la sombra de esa vida es como participar en uno de esos juegos de las cajas chinas, donde el lugar al que se llega sólo es el tránsito hacia otro lugar distinto, que a su vez sólo puede conducirnos a otro más escondido aún. Todas las historias que nos gustan, esas que no nos cansamos de reclamar y que, como los niños cuando escuchan un cuento que les concierne, sólo podemos aceptar que terminen para que alguien las comience de nuevo, guardan dentro un secreto. Una historia oculta, apenas presentida, pero de la que todo -los hechos mismos que se narran, el ritmo precipitado de nuestra sangre al escucharlas- parece depender. Como la historia del peluquero, y en cierta forma la de todos los que contemplaron la escena de los remolques, dependerá ya para siempre del enigma de esa trenza recuperada y perdida. Troya en llamas, siete años de exilio, trece buenos barcos perdidos. ¿Qué sale de allí?, se pregunta Isak Dinesen. «Maravillosa elegancia, delicada grandeza y suave ternura».
Maravillosa elegancia, delicada grandeza, suave ternura... ¿Pero no es ésta la descripción de la trenza, en la historia que os acabo de contar?

Por: Mireia Pol
Licenciada en Teoría de la Literatura y Literatura Comparada (UAB). Licenciada en Filología Hispánica, especialidad Literatura (UCB). Profesora de talleres literarios (presénciales y a distancia). Redactora de materiales de enseñanza de literatura y correctora de estilo.


lunes, 14 de mayo de 2012

DESESPERADA


Ayer nos amamos en el lugar
donde la noche deslumbraba y
fuimos uno.
M
iles de estrellas atestiguaron,
titilando silentes,
que además de mortales somos ciertos.

Hoy me abrazo a la desilusión,
yo soy feliz, desesperadamente.

domingo, 6 de mayo de 2012

DESESPERADAMENTE

Me gusta verte en medio de la gente mientras a distancia estoy suspendida en un tiempo que sueña ser futuro, pero que presente, se escapa de mis manos desesperadamente.
 

Porque el tiempo deja de existir me gusta estar contigo, tú cambias el orden de mi universo: la rutina se vuelve una aventura, la noche es deslumbrante  y mi cuarto es abundante de nosotros.

Me gusta verte entre la gente aguardando las horas que llegarán más tarde.


Pero más me gusta cuando a solas te abrazo y te vuelves cierto. 


Si estás o no te veo; en medio de la gente o solos. Juego a la desilusión
y espero ser feliz, desesperadamente.





GREGUERÍAS

Cuando va a llover, al cielo le salen varices de rayos.


Los CD'S son frisbees musicales.









Mi cama se vuelve cebra por el sol y la persiana.



En mi jardín vuela una joya sin dueño: es el mayate.



Si buscas un maestro Zen, te presento a mi gato.



lunes, 20 de febrero de 2012

TOSCANA

Se rompe el silencio. Las campanas del Santo Crucifijo y San Giacomo están repicando.

Al brillar de la estrella de la tarde, las campanas de catedral cantan el Ave María.

Ando por andar a través de las calles de la ciudad. Ya compré mi postal de un Girasol.

Siento que el tiempo se acaba.

miércoles, 11 de enero de 2012

HAIKU




LA GOTA JUEGA

A SER LUPA, EN EL PÉTALO

DE ROSA.




LA SOLEDAD

ES UNA PARADOJA,

NUNCA ESTÁ SOLA.




ALAS Y CORAZÓN

DE UN ÁNGEL MUERTO,

ES LA ALMEJA EN EL ARROZ.




LA LUNA LLENA

ESTA LLENA DE SI MISMA

Y DE REFLEJO DE SOL.




CUANDO LEO UN LIBRO

REALMENTE LEO UN BOSQUE

BAÑADO EN TINTA.



TU GATO JUEGA

MI GATA DUERME

YO LOS VEO Y ENVIDIO.

domingo, 18 de diciembre de 2011

SOMBRAS DE DESEO



Nuestro amor es clandestino y con el
juegas como si no existiera,
llenando de sombras mi deseo.
Sombras de breve y sutil forma cuando nos recordamos.

Yo que soy avariciosa me veo
obligada a amarte desprendida.
Lo que quiero es imposible y eso es un delirio.

sábado, 12 de noviembre de 2011

CONCILIACIÓN


Esa fue la noche de mis noches:
noche plena, bendita y anhelada.

Noche en que mi alma prisionera
se concilió con mi carne castigada.

Oscuridad redonda, misteriosa;
silente, mágica, estrellada,
que dio sentido y trascendencia
a mi entrega largamente postergada.


Noche en que impregnaste
sin medida

con el perfume de tu cuerpo mi alborada.

sábado, 1 de octubre de 2011

LA PALABRA ES CONTUNDENTE


Era octubre cuando ella, revisando el buzón de sus correos electrónicos, leyó:

Jorge asunto >>Pasión virtual


Lo empezó a leer y las primeras palabras le hicieron soltar un ¡Oh!, que era más bien una a, suavemente aspirada. ¿Leyó bien? … ¿Querida Señora? Sí, así dice.

Luego, él platicaba de una estupenda novela. La descripción de la trama era escueta, lo que la conmovió fue la correcta explicación “…no estoy haciendo una comparación con nuestra relación ni mucho menos…” que no impidió que la <querida señora> se llevara una mano al pecho al leer el título de la obra mencionada: Pasión Virtual.


¿Por qué él le comentaba esa novela? ¿Por qué ella sintió algo más allá de lo escrito? ...de algo está segura, comprobó en ese momento qué contundente es la palabra.

POR TU AUSENCIA...

...los recuerdos me tienen atrapada en su cuenta y recuenta de nuestra breve y emergente historia. Torbellinos de emociones y un encuentro a plazo fijo, que tiene un adiós aunque deseáramos un hasta pronto. Repaso de detalles que caen en lo obsesivo, haciendo de mí una perdedora al tratar de convocar la vida de tus ojos, el sonido de tu voz o un simple gesto, que al final son como película en cámara lenta, ¡más que lenta! sólo se barajan en mi mente fotogramas.